miércoles, 12 de mayo de 2010

Jugando con la realidad


¿Se puede realizar una película de culto, sobre un tema específico y con un mensaje muy relacionado a un público puntual, pero que a su vez cumpla con todos los requisitos del entretenimiento cinematográfico y atrape a aquellos que se encuentran alejados del tema central? La respuesta es sí. De hecho el director Peter Howitt lo logró con Antitrust (2001).

El corazón del argumento de este film son las computadoras y las redes; o más bien un grupo de nerds tratando de cambiar el mundo a través de estas dos herramientas. Ryan Phillippe es Milo Hoffman, un genio de la informática que trabaja junto a un grupo de amigos en el garage de su casa (de ahí el mensaje de la película: “cualquier chico en un garage, con una computadora, puede cambiar el mundo”), y recibe una invitación para ingresar en NURV, la compañía de computadoras más grande del mundo, desarrollando un proyecto que cambiará las comunicaciones mundiales, llamado Synapse.

Una vez dentro de NURV, Milo comienza a darse cuenta de hasta donde es capaz de llegar su dueño, Gary Winston ( Tim Robbins ), en su afán por dejar su huella. Cuando su mejor amigo es asesinado y él descubre que la empresa está involucrada, comenzará a utilizar toda su genialidad para desenmascarar a los responsables y boicotear definitivamente el proyecto Synapse.

Si bien Antitrust es una película dinámica, con un gran porcentaje de acción e intriga, su principal atractivo es la inmediata asociación con la realidad. No es difícil ver en NURV a la actual Microsoft (o tal vez a la de antes del golpe monopolizador de Windows) o en Gary Winston a Bill Gates. Incluso el look de Tim Robbins es llamativamente parecido al del millonario CEO.

La película está considerada muy cercana al movimiento del software libre en algunos círculos y por momentos se convierte casi en un grito contra los monopolios informáticos. Un dato importante: Entre los cameos se puede ver a Miguel de Icaza, el desarrollador mexicano de software libre, creador del proyecto GNOME.

Antitrust
transita constantemente la tenue frontera entre la ficción y la realidad, jugando en todo momento con la complicidad del televidente. Con un código accesible para cualquiera que la mire, lleva al extremo una situación que el usuario común no llega a comprender cuando enciende su computadora. Tal vez por eso no sea únicamente una película de culto para nerds y programadores, sino un film para aquellos que intenten comprender un poco mejor la realidad.

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