
Voy a dejar de lado la objetividad para escribir esta nota: A mi criterio Any Given Sunday (Un Domingo cualquiera) es, sin lugar a dudas, la mejor película de deportes de todos los tiempos. Transmite la emoción del juego, la sensación de hazaña y el afán de superación; tiene actuaciones excelentes, momentos memorables y se encuentra excelentemente realizada por el gran Oliver Stone.
Tony D`Amato (Al Pacino) es el entrenador principal de los Miami Sharks, un imaginario equipo de la NFL cuya principal estrella es Cap Rooney (Dennis Quaid) y su dueña es una joven Cameron Diaz, hija del difunto magnate que llevaba las riendas del equipo cuando, de la mano de Tony y Cap, logró 2 campeonatos.
Pero esos tiempos quedaron lejos. Cap está más cerca del retiro que de la gloria y D´Amato no le encuentra la vuelta a un equipo donde conviven el recambio de estrellas con los egos del hiperprofesionalismo de la Liga de Futbol Americano más importante del mundo. La lesión de Rooney, la aparición del joven -y egocéntrico- mariscal de campo Willy Beamen (Jamie Foxx) y una serie de sorpresivas vistorias de la mano de la joven estrella, tienden el pie para que Stone desarrolle una historia que bien puede ser la de cualquier equipo de futbol profesional argentino, con las presiones de la victoria, los negocios latentes y la magia del deporte siempre presente.
El director propone analizar qué deporte tenemos hoy, hace un llamado de atención sobre cómo el negocio ha raptado al romatiscismo del juego, pero deja unas interesantes perlas para la emoción, como el soberbio discurso de Al Pacino a sus jugadores, que es usado por técnicos de todos los deportes para incentivar a sus planteles antes de grandes citas.






